CHARLES CHíNIQUY
1809-1899
Mi padre, Carlos Chíniquy, nacido en Qüebec, había estudiado allí para ser sacerdote. Pero algunos días antes de hacer sus votos, él presenció una gran iniquidad en las altas esferas de la Iglesia. Cambiando de opinión, estudió leyes y se casó con Reine Perrault. En 1803, fijó su residencia en Kamouraska, donde yo nací el 30 de julio de 1809.
Después de cuatro o cinco años, emigramos a Murray Bay donde no había escuela. Mi madre fue mi primera maestra.
Antes de salir del seminario, mi padre recibió de uno de los superiores, una Biblia en francés y latín, como muestra de su aprecio. Esa Biblia fue el primer libro, después del abecedario, que fui enseñado a leer. Mi madre escogía capítulos interesantes, que yo leía cada día hasta que sabía muchos de ellos de memoria. Cuántas horas agradables pasaba al lado de mi madre, leyendo las páginas sublimes del libro divino. A veces ella me interrumpía para ver si entendía lo que leía. Cuando mis respuestas le aseguraban que sí lo entendía, me abrazaba y me besaba de puro gozo.
La palabra EDUCACIÓN es una palabra hermosa. Viene del latín educare, que significa levantar de los grados mas bajos hasta las esferas más altas de conocimiento. El objetivo de la educación entonces es alimentar, ampliar, levantar, iluminar y fortalecer la inteligencia.
Pero aquí empiezan las desilusiones y tribulaciones del alumno Católico-romano. Lo más alto que es permitido alcanzar es el nivel de los dedos gordos de los pies del Papa. El Papa es, supuestamente, la única fuente de ciencia, conocimiento y verdad. Su conocimiento es el último límite de aprendizaje y luz que el mundo puede alcanzar. No se permite saber ni creer lo que Su Santidad no sabe ni cree.
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| Galileo Galilei |
El 22 de junio de 1663, Galileo fue obligado a caer de rodillas en súplica para escapar de la muerte cruel ordenada por el Papa. El firmó con su propia mano la siguiente retractación: —Yo abjuro, maldigo y detesto el error y la herejía del movimiento de la tierra, etc.-
Ese hombre instruido tenía que degradarse y jurar una mentira, que la tierra no se mueve alrededor del sol. Así, las alas de esa águila gigante fueron cortadas por las tijeras del Papa. Pero Dios no permitió que ese intelecto gigante fuese enteramente estrangulado por las manos sangrientas de aquel enemigo de la luz y la verdad, el Papa. Suficiente fortaleza y vida permanecieron en Galileo para permitirle decir cuando se levantó: —¡Esto no impedirá el movimiento de la tierra!
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| El "infalible" Papa Urbano VIII |
El decreto infalible del Papa infalible, Urbano VIII, contra el movimiento de la tierra fue firmado por los cardenales Felia, Guido, Desiderio, Antonio Bellingero y Frabriccio. Dice: “En el nombre y por la autoridad de Jesucristo, la plenitud del cual reside en su Vicario, el Papa, declaramos que la proposición de que la tierra no es el centro del universo y que se mueve con movimiento diurno es absurda, filosóficamente falsa y errónea en la fe.”
¡Qué cosa tan gloriosa para el Papa de Roma ser infalible! ¡El sabe infaliblemente que la tierra no se mueve alrededor del sol! y ¡Qué cosa más bendita para los Católico-romanos ser gobernados y enseñados por semejante ser infalible! Consideren la consecuencia de ese decreto infalible en la siguiente acta de humilde sumisión de dos célebres astrónomos Jesuitas, Lesueur y Jacquier: “Newton supone, en su tercer libro, la hipótesis de que la tierra se mueve alrededor del sol. Las proposiciones de ese autor no se pueden explicar, excepto por la misma hipótesis; así que, somos forzados a actuar con un carácter que no es nuestro. Pero declaramos nuestra entera sumisión a los decretos de los Sumos Pontífices de Roma contra el movimiento de la tierra.” (Newton’s Principia Vol. III pág.450)
Si Newton, Franklin, Fulton o Morse hubieran sido Romanistas, sus nombres se hubieran perdido en la oscuridad que es la herencia natural de los miserables esclavos de los Papas quienes desde la infancia les dicen que nadie tiene el derecho de usar su “juicio privado”, ni inteligencia ni conciencia en la investigación de la verdad. Hubieran permanecido mudos e inertes a los pies del moderno y terrible dios de Roma, el Papa.
Pero ellos eran Protestantes. En esa palabra grande y gloriosa “Protestante” está el secreto de los
descubrimientos maravillosas que han cambiado la faz del mundo. ¡Ellos eran Protestantes! Sí, pasaron su niñez en escuelas Protestantes donde leyeron un libro que les dijo que fueron creados a la imagen de Dios y que ese gran Dios envió a su Hijo eterno, Jesús, para libertarnos de la servidumbre de los hombres. Ellos leyeron en ese libro Protestante (porque la Biblia es el libro más Protestante en el mundo) que el hombre tiene no solamente una conciencia, sino también una inteligencia para guiarle.
Aprendieron que esa inteligencia y esa conciencia no tienen otro amo, ni ninguna otra guía, ni ninguna otra luz aparte de Dios. En los muros de sus escuelas Protestantes, el Hijo de Dios escribió las palabras maravillosas: “Venid a mí, Yo soy el camino, la luz y la vida.”
¿Por qué las naciones Católico-romanas no sólo quedan estancadas, sino decaen? Vayan a sus escuelas y observan los principios que siembran en las mentes de sus desafortunados esclavos y tendrán la clave a ese triste misterio. ¿Cuál es la primera lección diaria enseñada a los niños? ¿No es que el crimen más grande que un hombre puede cometer es seguir su juicio privado? Esto significa que tiene ojos, oídos e inteligencia, pero no puede usarlos sin arriesgar ser eternamente condenado. Sus superiores, el sacerdote y el Papa, tienen que ver por él, oír por él y pensar por él. Si esto parece ser una exageración, permítanme forzar a la Iglesia de Roma a venir aquí y hablar por sí misma.
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| Ignacio de Loyola fundador de los jesuitas |
Aquí están las palabras textuales del supuesto “Santo” Ignacio de Loyola, fundador de la sociedad de los Jesuitas: “En cuanto a la santa obediencia, esta virtud tiene que ser perfecta en todo aspecto: en ejecución, en voluntad e intelecto. Ella se impone con toda celeridad, gozo espiritual y perseverancia, persuadiéndonos que todo es justo; suprimiendo todo pensamiento repugnante y juicio propio en la obediencia específica; que cada uno se persuade que el que vive bajo la obediencia debe ser movido y dirigido, bajo la Providencia Divina, por su superior COMO SI FUERA UN CADÁVER (perinde acsi
cadáver esset) que se deja ser movido y dirigido en cualquier dirección.”
Ustedes me preguntan: —¿Qué utilidad tendrán millones de cadáveres morales? ¿Por qué no dejarlos vivir? La respuesta es fácil. El gran y único objetivo de los pensamientos y las maquinaciones del Papa y los sacerdotes es elevarse por encima del resto del mundo. Ellos quieren estar aún más alto que Dios mismo. Refiriéndose al Papa, el Espíritu Santo dice: “El cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar
por Dios.” (2 Tesalonicenses. 2:4)
Para alcanzar su objetivo, los sacerdotes han convencido a sus millones y millones de esclavos que son meros cadáveres; que no deben tener ni voluntad, ni conciencia ni inteligencia propia. Cuando hayan hecho una pirámide de todos aquellos cadáveres inmóviles e inertes, tan alta que su cúspide entra a la misma habitación de las antiguas divinidades del mundo pagano; ahí se colocan a sí mismos y a sus Papas por encima y dicen al resto del mundo: -¿Quién de ustedes es tan alto como nosotros? ¿Dónde habrá reyes y emperadores con tronos tan elevados como los nuestros? ¿No estamos en la cúspide de la humanidad?
—¡Sí, sí! —respondo yo a los sacerdotes de Roma, —están altos, efectivamente muy altos. Su trono está más alto que cualquier que conozcamos. ¡¡Pero es un trono de cadáveres!!
Permítanme poner ante sus ojos otro trozo de la enseñanza Jesuita de “Los Ejercicios Espirituales” por su fundador Ignacio de Loyola: “...debemos siempre mantener como principio fijo que lo que veo ser blanco, creo ser negro si las autoridades superiores de la Iglesia así lo definen.”
Todos saben que es un deseo declarado de Roma tener la educación pública en manos de los Jesuitas; según ella, ellos son los mejores maestros modelos. ¿Por qué? Porque ellos más audazmente y más exitosamente que cualquier otro de sus maestros, aspiran a la destrucción de la inteligencia y conciencia de los alumnos. Cuando un hombre ha sido entrenado suficiente tiempo por ellos, se convierta perfectamente en un cadáver moral. Sus superiores pueden hacer con él lo que les dé la gana. Escucha las palabras de ese Papa “infalible” Gregorio XVI en su celebrada Encíclica del 15 de Agosto de 1832:
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| Papa Gregorio XVI |
- “Si la santa Iglesia así lo requiere, sacrificaremos nuestras propias opiniones, nuestro conocimiento, nuestra inteligencia, los sueños espléndidos de nuestra imaginación y las realizaciones más sublimes del entendimiento humano.” -
La teología es el estudio del conocimiento de las leyes de Dios. Desde luego, no hay tema más noble.
Cuán solemnes eran mis pensamientos y elevadas mis aspiraciones en 1829 cuando comencé mi curso de estudio de teología en Nicolet. Yo suponía que mis libros de teología me darían un conocimiento más perfecto de la santa voluntad de Dios y de las leyes sagradas. Los teólogos principales estudiados eran Bailly, Dens, Santo Tomás y sobre todo, Ligorio, quien desde entonces ha sido canonizado. Nunca abrí uno sin ofrecer una ferviente oración a Dios y a la Virgen María por luz, tanto para mí como para la gente cuyo pastor llegaría a ser.
Pero, ¡Cuán sorprendido me quedé al descubrir que para aceptar los principios de los teólogos, tendría que abandonar toda la verdad de justicia, honor y santidad! Cuán largos y dolorosos esfuerzos me costó extinguir uno por uno las luces de verdad y de razón encendidas en mi inteligencia por la mano de mi Dios misericordioso. Porque estudiar la teología en la Iglesia de Roma es aprender a hablar falsamente, engañar, cometer robo y perjurarse.
Yo sé que Católico-romanos y aun Protestantes valiente y fervientemente negarán lo que ahora digo. Sin embargo, es la verdad. Mis testigos no pueden ser contradichos por nadie. Mis testigos hasta son “infalibles”. Son ni más ni menos los mismos teólogos Católico-romanos aprobados por los Papas infalibles.
Estos mismos hombres, que corrompieron mi corazón, pervirtieron mi inteligencia y envenenaron mi alma como han hecho con todo sacerdote de su Iglesia, serán mis únicos testigos para testificar en contra de ellos mismos.
Ligorio afirma que es lícito mentir bajo juramento. En su tratado sobre juramentos dice: “Es una opinión cierta y común entre todos los divinos que por una causa justa, es lícito usar equivocación (engaño) y confirmarla (la equivocación) con juramento ... Ahora una causa justa es cualquier fin honesto para preservar cosas buenas para el espíritu o cosas útiles para el cuerpo.” (Mor. Theol. t. II. cap. II. de jur. p.316, n.151. Mech. 1845)
Los teólogos de Roma nos aseguran que es lícito y aun imperativo ocultar y disfrazar nuestra fe:
“Cuando te preguntan concerniente a tu fe, no sólo es lícito, sino frecuentemente es más conducente a la
gloria de Dios y la utilidad de tu prójimo ocultar la fe que confesarla. Por ejemplo, si ocultándola entre herejes (Protestantes) podrás realizar mayor bien; o si por la confesión de la fe más males sigan, como algún peligro, la muerte o la hostilidad de un tirano o tortura. Por tanto, frecuentemente es precipitado ofrecerse voluntariamente.” (Mor. Theol. t.ii. p.817, n.14. Mech. 1845.)
El Papa tiene el derecho de liberar de todo juramento: “En cuanto a un juramento hecho para un objeto bueno y legítimo parece que no debe haber ningún poder capaz de anularlo. Sin embargo, cuando es para el bien del público, asunto que está bajo la jurisdicción directa del Papa, quien tiene el poder supremo de la Iglesia, el Papa tiene pleno poder para libertar de ese juramento.” (Santo Tomás, Quest 89 art. 9 vol. IV.)
Los Católico-romanos tienen, no sólo el derecho, sino la obligación de matar a los herejes: “Cualquier hombre excomulgado queda privado de toda comunicación civil con los fieles de tal manera que si no es admitido, no pueden tener ninguna comunicación con él, como dice el siguiente verso: —Se prohíbe besarle, orar con él, saludarle, comer o hacer algún trato con él.” (San Ligorio, vol. IX, p.62)
“Aunque los herejes no deben ser tolerados ... tenemos que soportarlos hasta que por una segunda amonestación, sean vueltos a la fe de la Iglesia. Pero aquellos que después de una segunda amonestación permanecen obstinados en sus errores, no sólo tienen que ser excomulgados, sino entregados a los poderes seculares para ser exterminados.”
“Aunque los herejes que se arrepienten siempre tienen que ser aceptados a penitencia cuantas veces caigan, no por eso deben ser permitidos a gozar de los beneficios de la vida. Cuando caen nuevamente, son admitidos al arrepentirse, pero la sentencia de muerte no será quitada.”
“No es necesario obedecer a un rey si es excomulgado. Cuando un hombre es excomulgado por su apostasía ... todos sus súbditos son libertados del juramento de lealtad por el cual se habían obligado a
servirle.” (Santo Tomás vol.4, p.91)
Todo hereje (Protestante) será condenado a muerte y todo juramento de lealtad a un gobierno Protestante o hereje es anulado por el concilio de Letrán celebrado en 1215 D.C.:
“Excomulgamos y anatemizamos a todo herejía que se exalta en contra de la santa fe Católica ortodoxa, condenando a todo hereje por cualquier nombre que sea conocido; porque aunque se defieren de cara, son atados juntos por la cola. Tales condenados serán entregados a los poderes seculares existentes para recibir su debido castigo. Si son laicos, sus bienes serán confiscados; si sacerdotes, primero serán degradados de sus órdenes respectivos y sus propiedades aplicadas a la iglesia donde han oficiado. Los poderes seculares de todo grado y rango serán advertidos, inducidos y si sea necesario obligados por censura eclesiástica a jurar que se esforzarán hasta lo sumo en defensa de la fe y en extirpar (matar) a
todos los herejes denunciados por la Iglesia que se encuentren en sus territorios. Y siempre que una persona asume el gobierno sea espiritual o temporal, será obligado a acatar este decreto.
“Si algún señor temporal, después de ser amonestado y requerido por la Iglesia, se descuidara de limpiar su territorio de la depravación hereje, el metropolitano y los obispos de la provincia se unirán para excomulgarlo. Si permanece contumaz y rebelde por un año entero, el hecho será dado a conocer al Pontífice Supremo, quien declarará a sus vasallos libertados de su voto de lealtad desde ese momento en adelante y el territorio será otorgado a los Católicos para ser ocupados por ellos con la condición de exterminar a los herejes y preservar a dicho territorio en la fe ...
“Decretamos, además, que todo el que tenga trato con los herejes, especialmente el que los reciba, los defienda o los aliente, será excomulgado. No será elegible a ningún puesto público, ni será admitido como testigo. Tampoco tendrá el poder de legar su propiedad por testamento, ni heredar ninguna herencia. No podrá presentar ninguna demanda contra nadie, pero cualquier persona podrá presentar demanda contra él. Si es un juez, su decisión no tendrá ninguna fuerza ni ningún caso será traído ante él.
Si es defensor, no será permitido defender ningún caso; si es abogado, ningún instrumento hecho por él será aceptado como válido, sino que será condenado con su autor.”
Yo tendría que escribir varios tomos grandes para citar a todos los doctores y teólogos Católico-romanos que aprueban el mentir, el perjurar, el adulterio, el robo y hasta el homicidio para la mayor gloria de Dios y el bien de la Iglesia de Roma. ¡Pero he citado suficientes para los que tienen ojos para ver y oídos para oír! Con semejantes principios, ¿Es de extrañar que todas las naciones Católico-romanos, sin una sola excepción, han declinado tan rápido? El gran Legislador del mundo, el único Salvador de las
naciones, Jesús, ha dicho: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios.”
Charles Chíniqui
ex-sacerdote católico romano
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